REVISTA MAGNA
BUENOS AIRES
Luego de un cruce con periodistas en la Casa de Gobierno, Cristina les dejó en claro que deben informarse escuchando sus discursos y no poniendo en duda lo que dice con preguntas.
El jueves pasado la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner visitó la Sala de Periodistas en la Casa de Gobierno. Muchos pensaron que se trataba de un cambio histórico y paradigmático en la relación de CFK con los medios, pero no; sólo fue una visita ocasional y accidental. Cristina se encontraba revisando una restauración de obra a 10 metros de la Sala, y debido a la insistencia de los periodistas, se acercó a charlar durante diez minutos.
Cristina no desea ser cuestionada por la prensa. Imagen: primerahoraonline.com.arEn el espontáneo encuentro, CFK dejó una frase que sirve para sintetizar la metodología política del kirchnerismo. Luego de desacreditar a un periodista que la consultó sobre la polémica de las medias “Clarín Miente” en Angola, la Presidenta culminó su breve diálogo “instruyendo” a los periodistas que le reclamaron por falta de información: “Si quieren informarse, escuchen mis discursos”.
En esa simple frase se expresa el accionar político “K”. Sólo hay una versión de la realidad, sólo hay una verdad que merece ser escuchada y jamás cuestionada o interrogada. El mundo “K” infiere que sólo la palabra de CFK es la autorizada para informar y –por supuesto- nadie debe ponerla en duda mediante alguna pregunta.
Economía en baja
La metodología antes mencionada no es utilizada por el kirchnerismo sólo para su relación con los medios. La economía del país sigue las mismas reglas. Veamos cuatro hechos que sucedieron en los últimos días:
Cuatro secretarios del Ministerio de Industria renunciaron a sus puestos por el creciente acecho de Guillermo Moreno.
El “dólar Blue” sigue creciendo y parece no tener techo. Mientras, Cristina asegura: “No va a pasar nada raro con el dólar”.
Las importaciones cada vez son más severas y –consecuentemente- ascienden día a día las quejas de diferentes sectores comerciales.
Hernán Lorenzino es el Ministro de Economía. En realidad, sólo tiene el título formal del Ministerio; su inacción en el cargo llegó al grado de “patética”.
La Presidenta heredó un pensamiento de Néstor que piensa llevar como estandarte hasta las últimas consecuencias: “El Ministro de Economía no debe tener protagonismo; cuando su figura se transforma en famosa, significa que el país está en crisis”. Más allá de la veracidad (o no) de la frase del ex presidente, existe una diferencia sustancial que hoy padece Cristina. Es cierto que cuando Néstor vivía la figura del Ministro de Economía no tenía un protagonismo exagerado, pero estaba él y su libreta para suplantar el liderazgo en la economía. CFK está muy lejos de ser una estadista económica; su círculo más íntimo admitió que recién este año comenzó a leer un libro sobre teoría económica.
¿Quién maneja entonces la economía de nuestro país? Con Lorenzino opacado, el Vice Axel Kicillof oficia de Super Ministro y es quien diagrama los estudios que recibe el despacho presidencial. Pero existe un Super Ministro que es más que el Vice y se llama Guillermo Moreno. El Secretario de Comercio maneja la economía a su antojo y es el único que logró concretar –en esta materia- la frase que Cristina le dijo a los periodistas. Moreno piensa igual que CFK: “Si quieren saber cómo anda la economía, infórmense con los índices del INDEC”. No existen otros parámetros para Moreno, sólo la versión oficial.
Estirar la agonía
El escándalo Ciccone puso al descubierto que en la Argentina “K”, la comunicación y la economía no son las únicas materias que sólo se manejan con la verdad absoluta del oficialismo. Hace poco menos de dos meses, el Vicepresidente Amado Boudou exponía en el Congreso su versión sobre lo sucedido en la Imprenta Ciccone. La alevosía de las “coincidencias” que salpicaban a Boudou hacía pensar que –esta vez- el Gobierno se iba a someter a la justicia.
Pero no, Ciccone le sirvió a CFK para confirmar que su autismo no tiene límites en el poder judicial. Desde la conferencia (en realidad, exposición) de Boudou, el Poder Ejecutivo sufrió cuatro cambios inexplicables: el procurador general Esteban Righi debió renunciar; el juez original de la causa (Ciccone Calcográfica) Daniel Rafecas fue recusado; el nuevo magistrado a cargo Ariel Lijo es visiblemente condicionado, y el fiscal Carlos Rívolo fue apartado abruptamente. Después de estos gestos monumentales, arreciaron nuevas pruebas que develarían el vínculo negado entre Boudou y Alejandro Vandenbroele, su supuesto testaferro.
La lógica y la coherencia nos dicen que la historia de Ciccone no tendrá un buen final para Amado Boudou, pero la obstinación de CFK consigue que la agonía se estire en el tiempo. Si hay alguien que sufrió la agonía de observar que su permanencia en el poder tenía fecha de vencimiento fue Isabel Perón (la viuda del General Perón confesó saber que su Gobierno no llegaría a cumplir su mandato). La misma Isabelita fue quien –años después- sentenció que “no hay nada peor en política que estirar la agonía cuando el final es irreversible”.
Las encuestas están asustando a la Presidenta: en los últimos sondeos que encargó el Gobierno, Cristina aparece con 15 puntos menos de popularidad. Igualmente, por el momento, CFK sigue manteniendo una imagen positiva altísima (sólo superada por Daniel Scioli). Sin embargo, hay un elemento que supera cualquier tipo de encuesta o sondeo: la realidad. El kirchnerismo puede empecinarse en luchar por instaurar su verdad relativa como verdad absoluta, pero la realidad –tarde o temprano- se encargará de hacerle saber que “los discursos de Cristina”, “el INDEC” y “la justicia obsecuente” no son la única verdad.
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