REVISTA MAGNA. BUENOS AIRES
Cristina consiguió la reelección que le permitirá gobernar hasta el 2015; pero en un análisis más profundo se encuentra el verdadero festejo kirchnerista: la erradicación del liberalismo.
Pasaron las elecciones más importantes del año y –como se esperaba- la Presidenta obtuvo un rotundo triunfo que le permite continuar por cuatro años más al frente de la Casa Rosada. Son varias las secuelas que nos deja para el análisis la paliza que el kirchnerismo le propinó a sus opositores en todos los rincones del país (salvo en la ‘blindada’ San Luis), pero centramos nuestra atención en la victoria que más se festeja en el seno íntimo del Kirchnerismo: el triunfo de la centroizquierda y la desaparición del liberalismo.
No es una información clasificada o secreta que el kirchnerismo libra una batalla que tiene como meta imponer un “cambio cultural” en la Argentina. A lo largo de sus ocho años en la cima del poder, este espacio que lideró Néstor Kirchner se propuso provocar un cambio radical en la forma de vivir la política. Las elecciones del pasado domingo confirmaron que varias de sus batallas han sido ganadas.
La erradicación del “Neo”
Imagen: cableatierra.com
Quienes conocían al “Flaco” Kirchner desde sus comienzos, aseguran que en la década del noventa existía una palabra que le causaba aberración: “Neoliberalismo”. Los lectores del libro “El Flaco” de Juan Pablo Feinmann así lo podrán corroborar. Más allá de que algunos especialistas en material de archivo lo hayan mostrado en festejos o reuniones amigables con el líder neoliberal nacional de la década (Carlos Menem),es una certeza que el entonces Gobernador de Santa Cruz creía que el liberalismo era un mal que tenía como única meta destruir a los países en vías de desarrollo.
Desde su llegada al poder nacional, Néstor inició la cruzada antiliberal que le costaría más de un malentendido con los Estados Unidos. La pronta rebeldía de Argentina hacia el país del norte fue un gesto claro de lo que se vendría: un corrimiento profundo hacia la centro izquierda.
No hace falta ser un genio para palpar el rotundo triunfo de Néstor en las elecciones del pasado domingo: de los siete candidatos presidenciales, ninguno puede considerarse “liberal” ó –mucho menos- “neoliberal”. El elector tuvo que escoger entre un candidato de extrema izquierda (Jorge Altamira), tres candidatos de izquierda (Elisa Carrió, Cristina Fernández de Kirchner y Hermes Binner), y tres candidatos que –si bien no se originaron en la izquierda- están más cerca del centro que de la derecha (Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín y Alberto Rodríguez Saá). Los candidatos de derecha o ‘liberales’ brillaron por su ausencia.
Si a dicho escenario, le sumamos que los dos primeros (Cristina y Binner) pertenecen a la representación más fiel del socialismo (sumaron casi el 70% de los votos) y que el candidato ‘sensación’ en toda la campaña (internas incluidas) fue el representante de la extrema izquierda (Altamira); concluimos que el 23 de octubre quedará en la historia de nuestro país como el día en el que la Argentina se consolidó como un país de izquierda.
Cuando el mismo Néstor Kirchner consiguió consagrarse como Presidente allá por abril de 2007, el ganador de la elección fue Carlos Menem (quien luego se bajaría y no competiría en la segunda vuelta). Néstor quedó segundo y el tercer lugar fue para Ricardo López Murphy. Observamos como Kirchner estaba rodeado por el liberalismo (arriba y abajo). Otro dato para demostrar que corrían otros tiempos: el Partido Socialista (que el domingo con Binner pasó los 16 puntos) obtuvo sólo 1,12%.
En la elección del 2007 ya se comenzó a registrar la influencia del kirchnerismo. Si bien todavía se podía elegir entre tres candidatos de derecha (Roberto Lavagna, Ricardo López Murphy y Jorge Sobichs), los resultados demostraban un rechazo hacia el liberalismo. López Murphy pasó de ser tercero en el 2003 a sexto en el 2011 (con sólo el 1,43%) y Sobichs fracasaría notablemente para quedar sexto. Sólo Lavagna pudo disimular el fracaso obteniendo un tercer lugar; aunque su objetivo era ser el perseguidor inmediato de Cristina (lugar que ocupó Elisa Carrió).
No es nuestra intención hostigar con números y estadísticas al lector, sólo nos proponemos reflejar lo que –a estas alturas- ya es obvio: la derecha perdió frente a la izquierda.
¿Y ahora qué?
Sin tener que molestarse por lidiar con el liberalismo (tarea que cumplió su marido), queda por averiguar cuál será el próximo paso de Cristina en ésta “guerra cultural”. Los medios de comunicación y las instituciones de formación (Escuelas, Universidades, etc.) siempre estarán entre los objetivos del kirchnerismo, pero pareciera que la meta principal todavía no se ha dado a conocer (por lo menos, públicamente).
El enorme poder que le brindó el pueblo en las urnas y el hecho de ser el primer ‘ismo’ de la historia Argentina que estará –al menos- 12 años ininterrumpidos en lo más alto del poder le dan a la Presidenta un gran margen para ser ambiciosa a la hora de diagramar sus planes de gobierno.
Sobrevivientes del liberalismo dicen que ahora se viene lo peor, que Cristina usará el poder que la ciudadanía le brindó e irá por todo. La Venezuela de Hugo Chávez sería el modelo a seguir para perpetuarse en ese lugar. Si la alarma que pretenden instalar los “anti K” se concreta, las instituciones y el Grupo Clarín serán las próximas víctimas del Gobierno. Un régimen como el venezolano no podría darse con la existencia de instituciones fuertes y –sobre todo- con un multimedio que dé a conocer todas las miserias del Gobierno Nacional.
En el otro polo se encuentran los opositores conciliadores que creen que Cristina entenderá que el respaldo del pueblo es un compromiso para reforzar y mejorar su Gobierno y no un cheque en blanco para que haga lo que quiera. En este sector se ubican aquellos que afirman que –si bien hay muchas cosas por corregir- es indiscutible que la economía ha mejorado con los Kirchner en el poder. “Si la Presidenta corrige sus malos tratos a los opositores y mejora algunas ‘formas’, tiene la posibilidad de quedar en la historia como una de los líderes más importantes del país”. En esta corriente de pensamiento estaría incurriendo el Jefe de Gobierno Porteño.
Ya habrá tiempo para dilucidar y analizar lo que se viene. Por ahora, debemos remitirnos a lo que pasó en las últimas elecciones: la Argentina le dijo adiós a la derecha y le abrió –definitivamente- las puertas a la izquierda socialista.
Tweet
No hay comentarios:
Publicar un comentario