Fecha: Noviembre de 2007
Diario La Cruz. Córdoba
Como se verá en la página central de la presente edición, los precios de los productos que se consumen generalmente en la mesa navideña han aumentado grotescamente.
Ante ello, el ciudadano común tiene dos posibilidades: gastar más para mantener la misma mesa que el año pasado, o prescindir de algunos productos que han registrado grandes aumentos y escoger otro tipo de alimentos.
Lamentablemente, el análisis anterior no tiene escapataria. Con la creciente inflación que el gobierno no se resigna a ver, la situación económica del país obliga a ir “acomodándose” como uno pueda. Como siempre, el único perjudicado es el consumidor.
Lo cierto es que pocos son los que pueden darse el lujo de gastar más para mantener la misma calidad de productos consumidos el año pasado. La mayoría deberá seguir la frase del pensador Pedro Cahn: “No hay medicina más barata ni más efectiva que aquella que no es necesaria tomar”. Es decir, que en muchas casas el pan dulce (que hace un año se podía conseguir por $2,00) faltará en varias mesas del país. Muchos dirán que el pan dulce no es un alimento básico para la alimentación y que son “lujos” por los que no se pueden protestar. Puede que “técnicamente” estén en lo cierto, pero vale decir que se está hablando de una especie de “símbolo” de la navidad. Oscar Wilde, en la piel de Doran Gray, diría que “es cierto que sin el no muero, pero también es cierto que hasta la cosa más simple y vulgar se puede convertir en imprescindible y deliciosa cuan se la esconde”.
No se trata de dramatizar ni escandalizar ante la falta de algunos productos en la mayoría de los hogares argentinos. Pero si de demostrar, una vez más, que el gobierno se ciega a la hora de exponer los índices de inflación.
Las próximas fiestas serán una nueva oportunidad para que el consumidor viva en carne propia la creciente inflación que sufrimos los argentinos. Según el Gobierno Nacional, el índice de inflación anual se estancará en el 8,4%. Esto significaría, que si el año pasado un paquete de maní con chocolate nos costaba $1,50, hoy debería costar $1,62 (doce centavos más que equivalen a la suba del 8,4%). Cualquier ciudadano que se acerque a los comercios de la zona constatarán que ese precio es una falacia y que los aumentos promedian -en realidad- un 50%.
La enorme diferencia entre lo que dicen los funcionarios oficiales y lo que se “vive” en las calles ridiculiza al Gobierno.
Por ahora (y la reciente elección lo demuestra) la sociedad “permite” estas falencias. Pero ojo, a no abusar de la paciencia del ciudadano. Porque cuando el “pueblo” se cansa... no perdona.
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