martes, 21 de junio de 2011

¿Cómo actuará Cristina frente a una crisis sin la presencia de su marido?



REVISTA MAGNA. BUENOS AIRES
El escándalo Schoklender y la candidatura del socialista Binner le restaron un par de puntos en las encuestas a la Presidenta. Ahora, algunos dudan de su victoria en primera vuelta.
En las próximas horas la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner lanzará oficialmente su candidatura para ser reelecta como la máxima autoridad ejecutiva del país. Lamentablemente para el oficialismo, no será una decisión tomada por conveniencia política o temporal, sino porque los plazos así se lo exigen. Más allá de los diversos análisis que cada politólogo pueda realizar, existe una certeza inapelable: es el peor momento que el kirchnerismo (o crsitinismo) atraviesa desde el notable aumento en la imagen positiva de la Presidenta que se inició con la muerte de Néstor Kirchner.

En la Casa Rosada se pensó que el aumento de popularidad positiva no se detendría; y que mientras más se retrasase el esperado anuncio de Cristina, más incertidumbre se fomentaría en la oposición. En su momento no parecía muy equivocado el análisis, pero absolutamente nadie se esperaba que un tal Sergio Schoklender viniera a patear el tablero y cambiar completamente el escenario político nacional.

Lo que en ocho años no supieron conseguir Mauricio Macri, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde o cualquier otro líder opositor; lo logró un escándalo inesperado para propios y extraños: nunca antes (sólo el conflicto con el campo amenazó con hacerlo) una situación había incomodado de manera sumamente gravitante la estabilidad del Gobierno Nacional. Las encuestas así lo demuestran; no existe ninguna consultora (incluso las oficialistas) que no reflejen una importante caída en los niveles porcentuales que Cristina ostenta para octubre.

Lo anterior no hace más que incrementar el mar de dudas que sacude a la Presidenta desde hace unas semanas. Si bien es cierto que en un principio la "no formalización" de la fórmula oficialista se debía a la intención de molestar al oficialismo, en los últimos días esa intención había adquirido la representación de un boomerang. El escándalo Schoklender más esa especie de boomerang la pusieron a Cristina frente a una posición indeseada para cualquiera; la Presidenta se encuentra frente a dos dudas cruciales que -con seguridad- definirán su futuro inmediato.

La primera incertidumbre que la agobia no es nueva; se refiere a quien será su segundo en la fórmula que liderará de cara a las próximas elecciones. No es un problema menor, la elección del vicepresidente es una problemática histórica para el peronismo. El mismísimo Juan Domingo Perón lo sufrió en carne propia allá por 1973: el peronismo estaba inmerso en una reñida lucha entre subversivos y liberales; a cualquier político que eligiese el "general", los seguidores del otro bando pondrían el grito en el cielo. Tan sagaz como diplomática fue la decisión de Perón: eligió a su esposa Isabel Martínez.

Encrucijada similar sufrió el ex presidente Néstor Kirchner en el 2007 cuando tuvo que elegir a su sucesor (muchos piensan que el alejamiento del ex "acérrimo" kirchnerista Alberto Fernández se debió a dicha decisión). Estudioso de la historia cuando las decisiones cruciales lo ameritaban, “el pingüino” siguió al fundador del peronismo y escogió a su esposa. Para desgracia propia (y por razones obvias), Cristina no podrá seguir el camino de Perón ni de su ex marido.

Lo más cercano que podrá optar la Presidenta para imitar a sus antecesores será depositar la confianza en su cuñada Alicia Kirchner. De no ser así, la danza de nombres que se postulan para ese puesto es cada vez mayor. A los ya conocidos Amado Boudou, Sergui Urribarri, Jorge Capitanich se le sumaron en las últimas horas los de Carlos “el chino” Zanini y Martín Sabatella (para retener los votos socialistas que podrían fugarse hacia Binner).

Como le hubiese pasado a Perón o a Néstor, sea cual fuere el político que Cristina termine eligiendo muchos sectores del peronismo quedarán descontentos. No existe (tampoco existió ni existirá) una figura política que tenga una compatibilidad plena en todos los ámbitos del oficialismo.

Schoklender y la baja en las encuestas

La segunda situación indeseable para el oficialismo es la que por estos momentos más preocupa al círculo íntimo de la Presidenta. La hora de la verdad se acerca cada vez con más velocidad y la misión oficial de "inflar" las encuestas se vuelve cada vez más difícil de sostener.

Las encuestadoras fieles al modelo “K” (con Artemio López a la cabeza) sostienen que Cristina tiene el triunfo asegurado en primera ronda obteniendo un porcentaje cercano al 50%. Para que el ballotage no sea necesario, la Presidenta debe obtener más del 45% de los votos (sin importar cuanto obtenga el segundo) ó más del 40% aventajando por diez puntos al seguidor más próximo.

En los últimos días se produjeron un par de sucesos que provocan preocupación y hacen dudar - hasta a los propios oficialistas - de la veracidad de los números de los encuestadores cristinistas. La escandalosa malversación de los fondos públicos destinados a construir viviendas a cargo de las Madres de Plaza de Mayo ha provocado la baja (según los especialistas) de al menos cinco puntos en la imagen de Cristina.

Tal vez no sea atinado medirlo en números concretos, pero es claro que Schoklender y compañía han perjudicado la imagen de Cristina y sus intenciones de triunfar en primera vuelta. El lazo íntimo que une a la Presidenta y su entorno con Hebe de Bonafini es tan fuerte que es imposible diferenciar los daños colaterales que sufrieron ambas instituciones.


Pero no fue sólo Sergio Schoklender quien le quitó el sueño a Cristina; el gobernador de Santa Fe Hermes Binner resolvió (sorpresivamente) ir por la Presidencia liderando la fórmula que conforma con la cordobesa Morandini. Es conocido que el kirchnerismo cuenta con gran adhesión de los sectores más progresistas y también es sabido que Binner es uno de los líderes socialistas más influyentes y queridos del país.


Allí radica el temor del cristinismo: a Duhalde, Carrió o Alfonsí resulta difícil que el santafesino le robe una cantidad importante de votos. En cambio, la concordancia ideológica que poseen Binner y Cristina hace pensar que muchos electores que ya se habían decidido por la Presidenta puedan fugarse hacia el espacio liderado por el socialista.


No fueron días fáciles los que se atravesaron en las últimas dos semanas para el oficialismo; pero los anti “K” afirman que lo que pasó no fue lo más duro, sino que lo peor está por venir. Como sea, hay algo que si puede decirse con total tranquilidad de no estar equivocado: el veranito terminó para Cristina, llegó la hora de que la Presidenta demuestre su capacidad de mando y liderazgo para superar los escollos que le aparecieron (y le aparecerán) en la campaña electoral.

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