REVISTA MAGNA. BUENOS AIRES
Hace cuatro años Luís Juez ponía en duda la institucionalidad de la Junta Electoral de Córdoba denunciando “fraude”. Hoy, muchos dicen que se convirtió en un cadáver político.
La atención que implica una elección presidencial (más allá de que se trate de una interna) muchas veces deja de lado hechos importantes que merecen un análisis exclusivo y exhaustivo. La derrota de Luís Juez en manos de su clásico rival, De la Sota en Córdoba por 13 puntos de diferencia es uno de esos hechos.
La magnitud de dicha derrota no se limita solamente a perder la gobernación de la provincia mediterránea, el candidato del Frente Cívico redujo considerablemente su poder, llegando al piso de no contar con motivo alguno para festejar. Sólo la victoria en la intendencia de Jesús María (en realidad es mérito de su vice Marcelino Gatica) fue la única buena noticia para el Frente Cívico.
Pero la catástrofe electoral de Juez no termina ahí: el próximo 18 de septiembre se disputarán las
Imagen: sosperiodista.com.ar elecciones a intendente de la capital cordobesa (bastión donde Juez siempre gozó de amplia ventaja) y el representante de su espacio (Esteban Domina) no tiene ninguna posibilidad de acercarse al triunfo.
Estaríamos entonces frente a la confirmación del funeral político de Luís Juez. Una figura política que no tiene en su poder la gobernación; no posee ciudades importantes que lo respalden; su fuerza en el poder legislativo será casi nula y su bastión estará en manos del radicalismo (Ramón Mestre). Sólo le quedará el consuelo de disfrutar los dos años que le restan por cumplir en el Senado Nacional, transformándose en una quimera conseguir en las urnas la posibilidad de revocar su mandato.
Para comprender cómo Juez dilapidó la posibilidad de crecer en el escenario político provincial (y nacional), repasemos sus orígenes:
En el año 2003 la figura de Luís Juez se consolidaba en la provincia cordobesa obteniendo la intendencia capitalina. No fue un hecho menor, ya que se trató de un político que logró obtener un rutilante triunfo sin pertenecer a los dos partidos tradicionales (UCR o PJ).
El intendente electo se había hecho conocido apenas dos años antes cuando pegó un portazo a su puesto en el Gobierno Provincial de José Manuel De la Sota. Desde allí, utilizó su verborragia y carisma para disparar con munición gruesa contra su ex jefe. La sensación que existía por entonces del “que se vayan todos” más la rebeldía que caracteriza a los electores de Córdoba capital, le permitieron al líder del Partido Nuevo (así llamó a su espacio) acceder al mando de una de las ciudades más importantes del país.
Luego de cumplir el mandato sólo de manera “satisfactoria”, Juez decidió ir por la gobernación enfrentando al “soldado” delasotista Juan Schiaretti. La elección se llevó a cabo el 2 de septiembre y quedará en la historia como una de las más reñidas. El candidato justicialista se impuso por menos de 0,5 puntos porcentuales sobre el flamante intendente capitalino.
Según la mayoría de los analistas políticos, esa misma noche Luís Juez le puso fecha de vencimiento a su carrera política. Con la frase “Nos robaron la elección”, denunció “fraude” y descreyó de la justicia electoral de su provincia realizando un escándalo que tomó dimensiones nacionales. ¿Cómo un político que dice creer en la democracia denuncia el sistema electoral que le permitiría acceder al puesto deseado?
En el corto plazo, Juez cumplió sus objetivos. Su imagen positiva subió considerablemente en toda la provincia y convenció a muchos de que se había provocado el “fraude” que él denunciaba. Pero la política no es un arte del corto plazo; por el contrario es una ciencia pensada a largo plazo. Dos años después del “fraude” denunciado por Juez, se realizaron las elecciones a Senador Nacional en las que decidió presentarse.
La consigna de la oposición fue lógica: ¿Puede una persona pensar –sinceramente- que fue perjudicada en una elección y luego presentarse a otra con las mismas normas y regulada por la misma justicia?El envión que arrastraba el carismático Juez le permitió obtener el triunfo en las elecciones legislativas, pero no por el margen que él mismo esperaba. Aventajó por sólo cuatro puntos a la UCR (su candidato era Aguad). Juez sabía que con el 34% conseguido en el 2009 no le alcanzaría para conseguir la gobernación dos años después: predecía su trágico final.
Las elecciones del 7 de agosto llegaron y hasta dos horas después de terminada la votación, Juez denunciaba que los porcentajes que arrojaban las “bocas de urnas” eran operaciones mediáticas lideradas por De la Sota. Su ceguera y necedad no tenían límites.
Finalmente, lo que se preveía se concretó: De la Sota obtuvo una victoria apabullante ridiculizando el potencial político de Luís Juez.
Se podría decir que las elecciones confirmaron el viejo presagio que afirma que “con el carisma no alcanza para triunfar en política”. Nadie duda del encanto y la capacidad de habla que posee Luís Juez como tampoco de que sin creer en la justicia electoral pueda triunfar en política. Es tan obvio como práctico aclararlo.
Ese fue el andar de Juez por la política. Privilegió el carisma y la verborragia por sobre la institucionalidad. Los resultados están a la vista.
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