Fecha: Julio de 2008
Diario Fénix. La Rioja
La liberación de Ingrid Betancurt y el rumor de la incorporación de Brasil al G8 provocaron el resurgimiento del liberalismo en Sud América. ¿Cómo repercutirán estos hechos en una región donde el progresismo se encontraba en pleno ascenso?
En los últimos años, quien negara que Latinoamérica estaba viviendo un profundo avance hacia el progresismo, estaría -seguramente- viviendo en un continente paralelo.
El notable y creciente protagonismo de Hugo Chávez en la región, y su influencia sobre países cercanos, es la principal causa que hace diagnosticar la corriente ideológica del continente del sur.
Consecuentemente con ésto, la llegada de Ignacio Lula Da Silva a la presidencia de Brasil marcó el comienzo de una serie de triunfos “progresistas” en los países más importantes de la zona. Luego de varios intentos por llegar a la cúspide del poder (se había presentado en cuatro ocasiones), Lula -proveniente del Partido Obrero- logró su ansiado objetivo en el 2001. Los medios de comunicación ya preveían que con el nuevo siglo llegaría el tiempo de los gobiernos de izquierda y del pueblo. El triunfo electoral de Néstor Kirchner en nuestro país en el 2003 fue un hecho que potenció esa creencia. Más, si se tiene en cuenta que venció -nada más y nada menos- que a un representante nato de la derecha e ícono de la década de los noventa (Carlos Menem).
Y como -generalmente- sucedió a lo largo de la historia, los países denominados “chicos” siguieron a los “grandes” en este cambio ideológico. Dentro de estos flagelos, el que sin lugar a dudas hizo más ruido fue el que sufrió Bolivia. Por primera vez en su historia, un representande indígena (Evo Morales) logró un triunfo democrático que lo depositó en la presidencia. Haciendo un rápido repaso por los demás países, encontramos a Fernando Lugo en Paraguay, Alan García en Perú, Rafael Correa en Ecuador y Tabaré Vázquez en Uruguay. Unos más, otros menos, se podría decir que todos representan a un gobierno progresista.
La excepción a la regla (más allá de Chile que siempre es un caso particular) la aportaba Colombia. A pesar de sufrir el constante agovio de un grupo guerrillero (FARC), los colombianos decidieron mantener en el poder a un gobierno totalmente liberal y aliado a los EEUU. Soportando todas las miradas de sus colegas por ser “el chico raro” del curso, Alvaro Uribe sostenía que la única manera de derrotar a la guerrilla era recibir la ayuda del país del norte.
Giro Histórico
En la última semanas, dos hechos sucedieron que tiraron por tierra todos estos cambios e hicieron poner los “pelos de punta” a Hugo Chávez.
La liberación de Ingrid Betancurt marcará un antes y un después en la lucha contra las FARC. Según coincidieron la mayoría de los especialistas, con Ingrid en libertad, sólo resta saber cuándo declarará la rendición el grupo guerrillero.
Dificilmente, la sociedad sea consciente (a ciencia cierta) de la magnitud de lo que significó la liberación de la ex candidata a presidente. Pero más difícil aun resultará que la gente común tome dimensión de la circunstacias en las que se consiguió el rescate. Si bien la alegría por la libertad de Betancurt era incontenible, algunos dirigentes políticos se mostraban más contentos aún por que Hugo Chávez no haya tenido ninguna incidencia en el rescate. Por el contrario, si hubo un gran perdedor en la liberación (politicamente hablando) fue el presidente venezolano. Minutos después de quedar en libertad, Ingrid repitió hasta el hartazgo sus palablar de agradecimiento hacia Uribe. Pasado el sacudón emocional, Betancurt tomó otra decisión importante: viajar a Francia a agradecer personalmente al presidente Nicolas Sakozy. Queda claro entonces, que la liberación de Betancurt fue un rotundo triunfo de la derecha. Dicho ésto, se plantea un gran interrogante: ¿Qué pasará con el “progresismo”?.
El crecimiento de la izquierda en la región, se debía a que todas las soluciones para los problemas del continente los presentaba el progresismo. Pero si había un problema que sacudía a la región y en el que todos los gobiernos de Sudameríca ponían todas sus fuerzas en encontrar una salida, era el secuestro de la colombiana. Vale recordar, a principios de año, la comitiva (Kirchner representó a nuestro país) encabezada por el mismo Chávez para rescatar a Betancurt. Se puede decir, que de haber concretado ese deseo, se hubiese tratado una especie de coronación de la izquierda y un mensaje directo a los EEUU de no necesitar su ayuda.
“El destino de una sociedad se marca por la resolusción de los grandes problemas”, decía Winston Churchill (primer ministo inglés durante la segunda guerra mundial) para explicar su pensamiento ideológico. Nadie duda que el caso Betancurt pertenecía al cojunto de los “grandes problenas”, y -siguiendo a Churchill- intelectuales latinoamericanos destacan que la liberación de Betancurt marca el inicio de una vuelta al liberalismo en latinoamérica.
Días después de producirse el ansiado rescate, se da a conocer otro hecho que potencia el resurgimiento de la derecha en Latinoamérica. El G8 (los ocho países más importante del mundo; ícono del liberalismo mundial) da a cononer la intención de sumar a sus filas a Brasil. Sarkozy (Francia) fue el principal impulsor de incorporar a Brasil al selecto grupo de las economías más potentes del planeta. Más allá de que -probablemente- el ingreso de Brasil no pase de ser un rumor, queda sentado un interés por parte del primer mundo de marcar territorio en Latinoamérica.
Vemos -entonces- como en sólo una semana, el rumbo ideológico de un continente puede cambiar rotundamente. A los líderes socialistas de la región (Chávez y Evo Morales) les toca la difícil tarea de afrontar éste repentino resurgimiento de la derecha. Quedará por descubrir, cómo se acomodarán los países que habían apostado a la preponderancia del progresismo (entre los cuales se encuentra, claro está, la Argentina).
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