Revista Magna
A meses de las elecciones, Macri, Cobos, Duhalde y Carrió todavía no deciden sus candidaturas o alianzas. ¿Cómo actúa el Gobierno al respecto?
“Cuando uno se enfrenta a una contienda política, existen dos escenarios distintos con los que se puede salir victorioso: por fortaleza propia o por debilidades ajenas. La primera alternativa es la más óptima para el futuro; la segunda, la más fácil”. Tan cierta como aplicable al escenario político actual de la Argentina es la frase de Winston Churchill (primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial).
No hay que ser un exhaustivo analista político para saber que la gran protagonista de las próximas elecciones será la actual presidenta Cristina Fernández. Más allá de quien resulte triunfador, los titulares del diario del día siguiente al sufragio serán “Ganó Cristina” o “Perdió Cristina”. Siguiendo la frase de Churchill, vale destacar que el kirchnerismo es una de las corrientes políticas especialistas en “bastardear” a los contrincantes. Basta con remontarse a las elecciones del 2007, para recordar las campañas de desgaste que se realizaron contra Roberto Lavagna y Elisa Carrió.
Frente a las elecciones de este año, hay dos puntos cruciales que la presidenta y su entorno tendrán en cuenta a la hora de elegir entre fortalecer o debilitar. En primer lugar, la muerte de su esposo el año pasado (líder natural del proyecto K) comienza a dejar una sensación de vacío o ausencia en el Gobierno. Si bien al principio la pérdida de Néstor fortaleció la imagen de Cristina, con el correr del tiempo se fue profundizando la idea de que falta el “capitán” del equipo; y cuando se enfrenta una crisis o una oleada de críticas, el pueblo necesita sentir la seguridad que sólo un líder nato puede brindar.
Imagen: Internet
En segundo lugar, sirve remarcar que sigue sorprendiendo a propios y a extraños la falta de un líder opositor fuerte y consolidado. Macri, Cobos, Duhalde y Carrió continúan en la lucha por consagrarse como la “única” alternativa al kirchnerismo, pero no sólo no logran concretar su cometido, sino que no pueden evitar la aparición de nuevas figuras opositoras (Das Neves, Alfonsín, Rodríguez Saá, etc).
Ante semejante escenario y conociendo los mecanismos del kirchnerismo, parece sencillo dilucidar cual es la estrategia que está llevando a cabo en estos días el entorno de la presidenta: teniendo dudas por el fallecimiento de nuestro líder y ante la evidente inoperancia de la oposición, olvidemos la idea de “fortalecer” nuestra imagen para llegar a ese inalcanzable 51% y profundicemos el “debilitamiento” de los otros para conseguir que ninguno se nos acerque a menos del 10% (recordemos que hay dos opciones para evitar el ballotage; pasar el 50 % del total de los votos o conseguir el primer lugar y que el segundo esté a más del 10% de diferencia).
Teniendo en cuenta lo anterior, no deben esperarse decisiones rutilantes o grandes cambios en el actuar del oficialismo. Lo interesante parece estar en la vereda opositora. Sería sumamente definitorio si los líderes opositores continuaran en el tosco e insistente camino de luchar por separado contra la gran muralla oficialista, o si unieran sus fuerzas (antes de que sea demasiado tarde) para que en octubre la segunda vuelta no sea una utopía.
Cristina sabe muy bien que no es lo mismo enfrentar a Macri, De Narváez, Duhalde y los dirigentes del interior (Das Neves, De la Sota , Reuteman) juntos o separados. Tiene la certeza de que si de todos esos nombres hay por lo menos dos candidatos presidenciales, el triunfo en primera vuelta está garantizado. En el organigrama K, calculan que seguramente perderán con Macri en Capital Federal y con Duhalde-De Narváez será muy reñido en provincia de Buenos Aires. A su vez, entienden que el caudal de votos que tiene Macri en provincia es mínimo, al igual que el que posee Duhalde en el distrito federal (vale aclarar que la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal son las dos mayores generadoras de votos; ambas suman casi la mitad del electorado nacional). La ecuación es simple: si hay tres fórmulas para elegir, aún perdiendo en los dos lugares, los K saldrán ampliamente victoriosos en la general. Totalmente distinto es el escenario si se produce una gran alianza entre el macrismo y el duhaldismo y peor aún para el kirchnerismo, si todo el peronismo disidente del interior del país se encolumna detrás de ellos.
Bastante similar es la situación en el radicalismo. La preponderancia que supo conseguir Cobos, el apellido que heredó “Ricardito” Alfonsín, la gran fuerza que pueden sumar dirigentes del interior, más el ya consolidado espacio que logró Lilita Carrió serán ítems a temer por la presidenta siempre y cuando decidan unirse. Cristina sabe perfectamente que ninguno (ni siquiera Carrió) puede disputarle la presidencia en un mano a mano.
En resumen, el Gobierno observa dos escenarios completamente diferentes. En el primero, se vislumbran claros ganadores en primera vuelta frente a una inmensidad de candidatos que no harán más que dividir el porcentaje que representa al electorado que se opone al kirchnersimo. En el segundo (el más preocupante para ellos), se encuentran retando a dos grandes frentes; uno liderado por Macri-Duhalde con todo el PJ disidente detrás; y otro conformado por el Frente Cívico (Carrió) y toda la UCR.
Lamentablemente, para finalizar, los ciudadanos debemos estar preparados para afrontar la alternativa que Churchill consideró más fácil frente a una contienda política. Muy cerca estarán los ataques constantes (y sin límites) entre unos y otros aspirantes a la presidencia, con la única meta de debilitar al oponente y muy lejos quedará la intención de fortalecer una posición ideológica que tenga una intención de mejorar nuestro futuro como país.
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