Revista Magna
El líder sindical agregó confusión al escenario electoral en el conurbano bonaerense. Marcó territorio alejándose de la presidenta y acercándose a Duhalde.
Si bien es cierto que el caudal de votos que posee la provincia de Buenos Aires la ha convertido –históricamente- en el principal bastión electoral del país, es de vital importancia la preponderancia que está adquiriendo de cara a las próximas elecciones presidenciales. Hay una sensación en el aire que comparten todos los sectores políticos: “Quien logre quedarse con la provincia, se queda con todo”.
En los últimos días se produjeron un par de hechos que no hicieron más que oscurecer el ya sombrío panorama político. Las detenciones de los líderes sindicales Venegas y Pedraza cobran una magnitud realmente elevada que sobrepasa las vicisitudes jurídicas o legales. Si logramos analizar con precisión sus causas y consecuencias, estaremos en condiciones de entender o clarificar un poco más la confusa actualidad del peronismo bonaerense.
Hasta el año pasado (más precisamente hasta la muerte del ex presidente Néstor Kirchner) la situación era tan clara como sencilla. Todas las fuerzas oficialistas se encarrilaban detrás del hombre que comandaba al kirchnerismo en la provincia: Daniel Scioli. Moyano (y con él todos los sectores gremiales), Massa, D’Elia, Sabatella y la totalidad de los intendentes/caudillos “k” ofrecían su respaldo incondicional al actual gobernador. En la vereda de enfrente (siempre haciendo referencia a la interna peronista) sólo se identificaba al poder que supo mantener el ex presidente Eduardo Duhalde y que por esos días brindaba al representante del Pro Francisco De Narváez.
Imagen: informajunin.com
Es difícil entender cómo en tan poco tiempo un espacio político pudo cambiar tanto, pero hoy la situación es totalmente distinta. El “respaldo incondicional” quedó en el olvido y tanto Moyano como Sabatella pretenden su propio lugar protagónico en octubre. Es sabido que el líder sindical hace mucho que sueña con ser el máximo mandatario de Buenos Aires, pero su fidelidad hacia Néstor lograba posponer su meta hasta que su líder lo autorice. Con el fallecimiento del ex presidente, Moyano creyó que era el momento de ir por su cometido; es consciente que posee un alto caudal de votos -provenientes de las organizaciones gremiales- y es un secreto a voces que la relación que mantiene con Cristina no es la misma que la que lo unía íntimamente a Kirchner.
Para demostrar lo dicho es conveniente retomar las detenciones de Vanegas y Pedraza. Lo que distingue sustancialmente a la intervención de la justicia con los dos líderes es la participación que tuvo el secretario general de la CGT. Moyano decidió independizarse del Gobierno y actúo a placer en ambos casos. Nemo Vanegas es un hombre totalmente ligado al duhaldismo (consiguió hacer todo su poderío con el padrinazgo del “cabezón”).
Con Néstor vivo, a Moyano no se le podría ni haber cruzado por la cabeza la idea de –ni siquiera- brindar un apoyo público a Vanegas. Lo cierto es que Kirchner ya no está y el jefe de la CGT no sólo lo respaldó públicamente, sino que sacó a relucir todo su poder e influencia mandando a los “gordos” a protestar a la calle hasta lograr la liberación de Vanegas.
Radicalmente diferente fue la conducta de Moyano frente a la detención de Pedraza (hombre fiel 100% al kirchnerismo como ideología más allá de los nombres propios). A sólo una semana de diferencia, “el padrino” eligió cambiar totalmente su postura y no mover un sólo dedo por la libertad del líder ferroviario. Así, puede deducirse que Moyano no actuó de acuerdo a códigos gremiales insoslayables, sino que lo hizo por pura manifestación política.
Es claro entonces el guiño que Moyano le hizo a Duhalde con la liberación de Vanegas y el espaldarazo hacia Cristina con la indiferencia hacia Pedraza. Algunos analistas y entendidos de los movimientos peronistas se adelantan a vislumbrar una alianza “Duhalde a la presidencia, Moyano a la provincia”. Parece difícil que se concrete, pero sí es seguro que Scioli ha sumado un apellido más a la lista de rivales.
Para el actual gobernador, los tiempos de tranquilidad donde la reelección era un trámite son parte de un pasado muy lejano; Scioli está siendo víctima de la gran confusión que sufre el partido justicialista. Salvo una alianza de Cristina con Macri o Duhalde, todos los demás pactos o alianzas parecen ser posibles; nadie se sorprendería de definirse un pacto entre Duhalde-Macri ó Moyano-Duhalde ó Scioli-Macri-Duhalde ó De Narváez-Scioli-Duhalde, etc.
El juego se abrió más que nunca y la sensación que se palpa es que todos están esperando que se decidan los otros para posicionarse. El primero en abrir fuego fue Hugo Moyano, que con su actuar en las detenciones de Vanegas y Pedraza le aclaró a la Presidenta que la fidelidad inquebrantable que gozaba el gobierno meses atrás ha llegado a su fin y que sólo pensará en sacar el mayor rédito posible en octubre.
Ante semejante confusión, es atinado recordar la histórica frase del ex presidente Juan Domingo Perón: “Los peronistas somos como los gatos; parece que nos peleamos pero -en realidad- nos estamos reproduciendo”.
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