Revista Magna
35 años después del peor Golpe de estado que sufrimos los argentinos, te contamos las causas que desencadenaron la llegada de Videla al poder.
Mucho se ha hablado, se habla y se hablará de los terribl
Imagen: berissociudad.comes crímenes de lesa humanidad que cometieron los líderes militares a cargo del Proceso de Reorganización Nacional. Desde aquí brindamos nuestro apoyo y solidaridad total a todas las víctimas (cuando digo “víctimas” no me refiero sólo a las personas asesinadas, abusadas, torturadas, etc, sino a todos los familiares que hasta el día de hoy no pueden olvidar semejantes hechos) y aclaramos que nos parece más que correcto mantener vigente en el pensamiento colectivo de la sociedad las atrocidades que Videla y compañía realizaron en nombre del estado.
Haciendo esa importante salvedad, nos propondremos desde aquí intentar entender como fue posible que personajes tan macabros hayan llegado a lo más alto de poder. Porque si hay algo que no debemos olvidar es que todo lo que hoy nos causa pavor recordar, se realizó desde la legitimidad que tenían los militares de “actuar en defensa del estado”.
Más sorpresa causa aún que estemos hablando del único golpe de estado en la historia de nuestro país que comenzó sin dispararse un solo tiro (la llegada de Videla a la presidencia el 24 de marzo de 1976 se da por un acuerdo entre la entonces presidente Estela Martínez de Perón y el Ejército). Es por ello que nos preguntamos ¿Cómo puede ser que semejante escenario haya sido posible?
Esta nota tendrá como meta repasar de manera clara y sencilla los años anteriores al golpe para poder entender cómo ocurrió que los militares llegasen al poder para escribir las páginas más oscuras de la historia de la Argentina.
El principio del fin
La fecha clave para comenzar a dilucidar lo que pasará más adelante es el 20 de junio de 1973. Juan Domingo Perón retorna al país luego de un exilio de 18 años y se produce la famosa “Masacre de Ezeiza”. En ese entonces el presidente era Héctor Cámpora (a quien Perón “ordenó” votar desde su exilio), pero con la ausencia del líder natural del peronismo se habían ramificado dos posiciones ideológicas bien diferentes: una más conservadora que pregonaban la CGT y todos los sindicatos más moderados que comandaba López Rega y la otra que lideraba el mismo Cámpora y la conformaban los distintos grupos montoneros.
Ante la llegada de Perón, los conservadores deciden ir por todo y copan el palco oficial donde Perón se iba a dirigir a sus seguidores, demostrando que con la vuelta del ex Presidente el mandato de Cámpora tenía fecha de vencimiento. Para entender la magnitud de este enfrentamiento entre conservadores y montoneros, debe decirse que si bien no existió una investigación oficial, se estima que dejó un saldo de 13 muertos y 365 heridos (la gran mayoría de las víctimas la sufrieron los de izquierda).
Al día siguiente de la masacre, Perón se pronunció apoyando a la CGT : "No es gritando como se hace patria. Los peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro movimiento, ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo de abajo o desde arriba”. Un año después –ya siendo Presidente-, el 1 de mayo de 1974 en un acto multitudinario en Plaza de Mayo, declaró sin ambigüedades su posición ideológica de derecha, desestimando a sus seguidores montoneros.
Alimentando la confusión ideológica que reinaba en el país, el 1 de julio de 1974 fallece Perón y asume la presidencia su esposa Estela Martínez de Perón (Isabelita). Si antes de su muerte los montoneros luchaban por su espacio; con Isabelita como líder, los sectores de izquierda pensaron que era su momento para retornar a la cúspide del poder.
El caos se instaló en nuestro país y durante 1975 hubo alrededor de 860 muertos por causas políticas. La situación económica no era mejor: en el mismo año hubo cuatro cambios en el Ministerio de Economía. El último fue Rodrigo, que implementó un par de medidas (“Rodrigazo”) que desataron la inflación, haciéndola llegar hasta el 330%.
En el medio de todo, López Rega -hombre de mayor confianza de la Presidenta- crea la triple AAA (Alianza Argentina Anticomunista) y el 7 de octubre de 1975 se produce un hecho que anticiparía lo que vendría seis meses después: Isabelita pide licencia por enfermedad y firma un decreto dejando el mando a las Fuerzas Armadas con el fin de preservar el orden interno y luchar contra la subversión.
La crisis económica que azotaba duramente al país provocó que los reclamos aumenten día a día y la situación se volviera insostenible. Fue así como a mediados de marzo de 1976 la Presidenta y López Rega decidieron que no podían comandar más al país y debían dejarle el lugar (de la misma manera que lo hicieron el 7 de octubre) al Ejército.
Muchos historiadores (Felix Luna y José Luis Romero entre otros) coinciden que el “pueblo” recibió con beneplácito la llegada de Videla al poder. La sensación que volaba en el aire era que Isabelita no podía continuar, y que con la ruptura interna del peronismo el país no estaba preparado para una elección.
A 35 años de aquel 24 de marzo ya no quedan dudas del mal profundo e imborrable que el Proceso Militar ha causado en todos los argentinos. Enumerar o analizar los crímenes y atrocidades que cometieron llevaría más espacio del que disponemos (por suerte y gracias a la conciencia que hemos tomado como ciudadanos la mayoría de ellos ya se sabe). Intentamos reflejar cómo fue posible que el período más oscuro de nuestra historia haya comenzado de la manera más pacífica con respecto a todos los golpes de estado que hemos sufrido.
Seguramente el proceso anterior al Golpe de 1976 quedará en la historia de nuestro país como el período que nos enseñó a entender certeramente la frase de Juan Bautista Alberdi: “Es preferible la peor democracia a la mejor dictadura”.
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