viernes, 1 de abril de 2011

¿Víctima o culpable?

Fecha: Junio de 2008
Diario La Cruz. Córdoba


Sensaciones encontradas nos produjo la enorme repercusión que tuvo la investigación central (la nueva moda de los chicos: fumar marihuana en la escuela) del número pasado.
Por un lado, nos agradó saber que nuestro medio llega verdaderamente a la gente. La razón de ser de un medio de comunicación masiva, es la de entablar una relación recíproca con el ciudadano. Creemos estar cumpliendo ese objetivo, y la reacción al informe da muestra de ello.
Desde ya, agradecemos a todos los lectores que se comunicaron con la redacción del diario para apoyar la investigación (una gran mayoría). Pero también le agradecemos a aquellos que se han contactado para hacer valer su disconformidad con el artículo. Sin dejar de valorar los apoyas, estamos convencidos que en la comunicación tiene prevalecer el “disenso”.
Y cuando digo que nos produjo “sensaciones encontradas”, no me estoy refiriendo -claro está- a esos lectores que nos hicieron saber su disconformidad. Sino a aquellas autoridades que se resisten a ver una realidad que  nosotros “sólo” nos encargamos de mostrar.
Para aquellos que todavía dudan del panorama explayado por La Cruz en la pasada edición, decidimos poner una dramática -pero sincera- entrevista con un adolescente de 15 años.
“Samuel” (así se autoidentificó) en uno de los tantos chicos de la zona, a los que la vida no les fue muy generosa.
“Huérfanos de padres vivos”, como diría la directora Peiroti, Samuel tiene la enorme responsabilidad de hacerse cargo de sus tres hermanos. Tan sólo con quince años, soporta la humillación de que la sociedad lo tilde de “drogadicto” o “fumanchero”, pero él poco entiende de rótulos o encasillamientos inútiles; Samuel se preocupa por “pasar el momento” y sobrevivir “minuto a minuto”.
En esa misión que se impuso tiene un único e imprescindible amigo: “el porro”.
Si se analiza a simple vista el caso de samuel, se dirá que es uno de los tantos adolescentes que deciden desperdiciar su vida en la droga; y que -indefectiblemente- será un mal para la sociedad.
Pero pensamos que casos como los de Samuel (que sobran en la zona) merecen un análisis mucho más exhaustivo y profundo.
Samuel tiene un cuerpo de niño (15 años), su padre está muerto y su madre se dedica a la prostitución. Trabaja, intenta estudiar y convive con los problemas cotidianos que tiene cualquier mayor adulto sumergido en la pobreza o indigencia.
Teniendo en cuenta estos datos, se impone un interrogante: ¿Es la sociedad víctima de un drogadicto -como Samuel- que probablemente recurra al delito para sobrellevar su vida? ó ¿Es Samuel víctima de una sociedad que no puede cumplirle las necesidades básicas para llevar adelante su vida?
No es nuestro deber responder, sino ofrecerle todas las opciones y caminos posibles, para que sea usted mismo el que pueda construir su propia respuesta.

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