viernes, 1 de abril de 2011

El cinismo se apoderó del Gobierno de Cristina Kirchner

Fecha: Junio de 2008
Diario Fénix. La Rioja

La posición desafiante de la presidenta desenmascaró un déficit -hasta ahora oculto- del oficialismo. Personajes como D’Elía y Moyano potencian la actitud patoteril del Gobierno.


Si bien muchos opositores al Gobierno Nacional sostenían que las semejanzas de Kirchner con Menem eran cada vez mayores, el pueblo y los medios de comunicación se resistían a darle validez a dicha creencia.
Sucede que los funcionarios kirchneristas contaban con un argumento infalible para defenderse. El descrédito popular de la era Menem comienza -y se acrecienta- cuando el Propio Carlos Menem y sus secuaces, recurren al cinismo para contestar las críticas de los medios. Hasta el 11 de marzo (día en que Cristina anuncia el aumento de las retenciones) al kirchnerismo se le podían criticar varios aspectos, pero no aún el de poseer una política cínica. Durante su presidencia, Néstor Kirchner se encargó de demostrar un fuerte compromiso social, al que le agregaba una gran dosis de respeto hacia la ciudadanía, pero el paro del campo (más allá de las consecuencias económicas) sacó a relucir una característica -hasta ahora oculta- del kirchnerismo. En el ámbito moral, ya no existen diferencias con el menemismo: el cinismo se hizo presente en el Gobierno Nacional.
¿Qué es el cinismo?
En reiteradas ocasiones se habló, se habla y se hablará sobre la figura de un político cínico, pero pocas veces se explica con claridad el significado de dicho adjetivo.
El cinismo tiene como condición imprescindible una mentira, engaño o hecho ilegal previo. Una vez ocurrido el delito, el autor tiene tres formas básicas de reaccionar. La opción más correcta y recomendada es el arrepentimiento. Es decir, aceptar que se ha cometido un error y esforzarse por repararlo.
La segunda opción es la hipocresía (predominante en el ambiente político). Se trata aquí de "esconder" y negar -sin inmutarse- el error cometido. Por último, se puede recurrir al cinismo (seguramente, la actitud más dañina y pecaminosa). A diferencia del Hipócrita, el cínico reconoce el error, pero lejos del arrepentirse y buscar repararlo, el cínico se jacta del error para demostrar su poder, convenciendo a la sociedad de que no es "nada grave" y que -en realidad- es una situación común.
Para ejemplificarlo claramente pondremos una situación cotidiana: "un ladrón le roba a un empresario una determinada cantidad de dinero". Si el ladrón se "arrepiente", reconoce el robo y trabaja para devolver el dinero sustraído. En cambio, si estamos frente a un ladrón Hipócrita, éste negará a más no poder el robo e intentará demostrar que es el empresario el que miente. Lo más peligroso sería encontrarnos con un ladrón cínico, porque reconocería el delito, pero mediante discursos falsos y demagogos (ej. "El empresario gana mucha plata y yo me muero de hambre") hará lo posible para convencer a la sociedad de que ese tipo de delitos no es tan grave como -por ej- el asesinato.
Cinismo K
Explicado así, resulta difícil creer que un político nos pueda engañar tan fácilmente. Veamos aquí dos hechos que reflejan claramente el cinismo, e involucran a funcionarios kirchneristas; para luego hallar -tácitamente- el cinismo en la propia presidenta.
Quienes sean asiduos seguidores del programa de TV CQC (Mario Pergolini), habrán podido observar las conversaciones de los noteros con el líder gremial y flamante vicepresidente del PJ, Hugo Moyano. En pocas palabras, los noteros hacen referencia a la condición de padrino mafioso (hasta llegaron a besarle el anillo al gremialista), y Moyano no sólo no lo negó, sino que se jactaba de ello, y -entre risas- cerró una de las notas diciendo: "un beso en la boca no, porque sino sos boleta"(clara referencia al beso de la muerte en la mafia). Se sabe que el ambiente piquetero y/o gremialista no es para nada transparente. En más, días atrás de ese penoso diálogo, Moyano sufrió la muerte de su tesorero (Beiroz) a manos de gremialistas opositores. Sin embargo, Moyano ni se arrepintió (no renunció) ni esconde (caería en la hipocresía) la oscura situación de su gremio. Por el contrario, cínicamente, asume lo ocurrido y disfruta de su rol de "padrino".
El otro hecho fue de carácter más público y lo tiene como protagonista a Luis D'Elia. El golpe de puño del piquetero a un manifestante en la plaza de mayo recorrió todos los diarios, revistas y canales de TV. Descartando la hipocresía (era imposible esconder el golpe) todo hacía pensar que quedaba un solo camino para el ex diputado: arrepentirse de semejante acto de violencia y dar un paso al costado. Pero nada de ello ocurrió. D'Elía se pegó más que nunca al Gobierno (el jefe de gabinete lo defendió públicamente) y redobló la apuesta, declarando que "no tendría drama en matar a todos lo que pertenecen a la puta oligarquía". Este fue el hecho más grosero que demuestra la conducta patoteril que mantiene D'Elía día a día.
El cinismo es claro y concreto en los dos casos expresados. La presidenta, por la responsabilidad e investidura que requiere su cargo, todavía no demostró a pleno su "ser" cínico. Sin embargo, su conducta en el conflicto con el campo dio sobradas muestras de su existencia. El sólo hecho de seguir mostrándose cerca y premiar a personajes como Moyano y D'Elia, expresa la concordancia de Cristina con esa corriente de pensamiento.
Pero eso no es todo. Lo más preocupante es que en todo el proceso del paro del campo, la presidenta no dio ni una muestra (aunque más no sea por diplomacia) de repensar su criticada medida. Su posición confrontativa y desafiante sólo la condujo a realizar actos multitudinarios, en donde la presidenta se dirigía a una parte de la Argentina, olvidándose que fue elegida para conducir a la todos los argentinos.
Luego de analizar todos los discursos que Cristina ofreció con referencia al campo, queda la sensación de que la presidenta enfatizó para dejar en claro que "aún sabiendo que la gente la rechaza ella tiene el poder para mantener su postura, sea erronea o no". Deberá saber la presidenta que la Sociedad puede soportar muchos males a los gobernantes, pero si hay un defecto al que históricamente le ha dicho que no, es precisamente al que hoy sobrevuela en las huestes del gobierno nacional: el cinismo.

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