LA RIOJA
Desde el momento en el que el Intendente cuestionó duramente al Gobernador Beder Herrera (allá por fines de febrero), nuestra provincia fue testigo de una lucha encarnada entre las dos figuras políticas con más poder de La Rioja.
Desde Minutorioja, definimos al enfrentamiento como “La Guerra de Beder vs Quintela (o Provincia vs Municipio)”. Algunos medios que se consideran de ‘elite’ nos acusaron de alarmistas, calificándonos de extremistas y fatalistas. Esos mismos medios, hoy suelen poner en las bajadas o ante títulos de las noticias referidas a este enfrentamiento “La Guerra que viene”.
Más allá de estos chiquitajes mediáticos, lo cierto es que nuestros líderes políticos no cesan en sus ataques y –como siempre- las únicas víctimas son los ciudadanos. Al quintelismo lo caracteriza el método más frontal y pasional. El bederismo, en cambio, prefiere el silencio y actuar con investigaciones que comprometan a la oposición. Un claro ejemplo del primer caso son las interminables acusaciones públicas de la mayoría de los dirigentes quinielistas al Ministro de Hacienda Provincial Ricardo Guerra. La investigación sobre los fondos en el área de Odontología del Ministerio de Salud cuando lo comandaba Juan Carlos Vergara (de notoria raiz quinielista), es una vasta demostración del segundo caso.
Esta semana, el hecho en el que ambos bandos eligieron hacer hincapié para seguir confrontando, fue el pago por parte del Municipo de los PIL. El dinero proveniente para abonar esos planes proviene de la Provincia. Conocedor de ello, el Gobernador ordenó no depositar el dinero correspondiente para esos pagos hasta el último día. Por su parte, el Municipio, mientras veía que la fecha límite para efectuar el pago (los 10 de cada mes) se acercaba y el dinero no aparecía; denunció públicamente al Ministro Guerra de no cumplir con el Pago.
Acusaciones iban y venían al por mayor de ambos ámbitos (municipal y provincial). Cada funcionario peleaba por demostrar que su sector era el más fuerte, o –como se dice en el barrio- la tenía más larga. Ahora bien, ¿Quién pensó en el ciudadano común? ¿Quién pensó en el trabajador que debía cobrar su sueldo y veía que corría peligro por la pelea de Quintela y Beder? ¿Quién pensó que lo que para ellos es un vuelto, para el riojano común consiste en el sustento fundamental para llegar a fin de mes?
En plena Guerra Fría, cuando John F Kennedy y Nikita Kruschev se decían de todo y mantenían en vilo al mundo por una posible guerra nuclear, el pensador francés Michael Foucault definió la pelea con una magistral frase: “Ellos (por Kennedy y Kruschev) agigantan su figura con cada agravio (quedan como héroes por defender su causa), pero no se dan cuenta que al mismo tiempo denigran y matan a sus ciudadanos que padecen su furia (por la Guerra de Vietnam)”. Salvando las enormes distancias entre una Guerra en serio (como la Guerra Fría) y una de simulacro (como la de Beder-Quintela), bien podría tomarse la frase de Foucault con una pequeña modificación: “Beder y Quintela agigantan su figura con cada agravio, pero no se dan cuenta (o aún más grave: si lo hacen, pero no les interesa) que al mismo tiempo denigran y humillan a todos los riojanos (que poco les interesa la politiquería barata y sólo piensan en llegar a fin de mes)”
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