viernes, 9 de diciembre de 2011

NOS VAMOS A QUEDAR CIEGOS

MINUTORIOJA. LA RIOJA

Hace tan sólo diez díaz, La Rioja vivió una jornada de violencia que golpeó a toda la sociedad: con menos de 24hs de diferencia, se produjeron dos muertes/asesinatos que conmocionaron al país entero. Gonzalo Martínez perdió la vida en un choque de patotas en la Plaza 25 de Mayo; en las puertas de la Casa de Gobierno, como si la violencia se les burlara en la cara a las autoridades políticas. Horas después, la tragedia se trasladó a Aimogasta y fue Belén Brizuela la que sufrió en carne propia la inoperancia de la policía: un tiro en la cabeza terminó con su vida.
Esta semana, los riojanos amanecimos con la noticia de la muerte de Emmanuel Romero; otro joven que murió luego de un choque de patotas. Inmediatamente asemejamos su trágico final a lo sucedido nueve días antes en la Plaza 25 de Mayo.
Hay dos elementos sumamente importantes para analizar a raíz de esta oleada de violencia e inseguridad de la que nuestra provincia fue testigo en los últimos días.
La violencia sólo genera más violencia
De las tres muertes más paradigmáticas que sufrimos, hay dos que mantienen una semejanza preocupante: tanto Gonzalo Martinez como Emmanuel Romero perdieron su vida luego de una fuerte pelea entre patotas. Dichas muerte no hacen más que confirmar que la violencia se instaló definitivamente en nuestros jóvenes. La moda de las patotas arribó a nuestra provincia y ha decidido apostarse en las calles y plazas de nuestras ciudades.
La definición literal de ‘patotas’ nos dice que “son Pandilla de jóvenes que se reúnen en la calle y atacan a determinadas personas haciéndoles daño o mofándose de ellas, ya por venganza o antipatía, ya por diversión y entretenimiento”.
Para que los actos delictivos realizados por las patotas se concreten deben existir, con anterioridad, dos circunstancias: En primer lugar, la ingesta de alcohol o sustancias prohibidas que incitan a los jóvenes a conductas indebidas. Seguidamente, el accionar de las patotas debe darse en una sociedad o lugar donde el ejercicio de la autoridad es acéfalo.
Es decir que existen dos problemas fundamentales: las drogas y la inoperancia de las autoridades responsables de garantizar la seguridad social. El primer elemento es una problemática social de alta complejidad que no se puede solucionar de un día para el otro. Para un serio tratamiento de las adicciones en los jóvenes debe revisarse lo hecho en los últimos años y realizar un preciso análisis de las normas aplicadas y sus consecuencias (el debate por la despenalización de la marihuana es uno de los debates que viene pidiendo pista). Estamos hablando aquí de concretar un plan a muy largo plazo de una problemática que sacude -no sólo a La Rioja, sino a- todo el país.
Radicalmente diferente es la segunda causa que permite el accionar de las patotas: la notable inoperancia de las autoridades. El ex comisario Angulo fue el primero en renunciar indeclinablemente a su puesto luego de los asesinatos de Gonzalo y Belén. Horas después de la pérdida de Emmanuel, también se produjeron cambios en las altas esferas de las policías regionales de nuestra Provincia. Sin embargo, la autoridad máxima de La Rioja en materia de seguridad social (el ministro Felipe Alverez)  ha actuado como si nada pasase. Seguramente, si el ministro no reacciona, el Gobernador Beder Herrera deberá tomar cartas en el asunto.
La balanza inclinada
El miércoles pasado a las 18:00 hs se les debió tomar declaración indagatoria a los policías implicados en la muerte de Belén Brizuela. La jueza a cargo de la causa decidió suspender las declaraciones; pero eso no es todo: tampoco puso nueva fecha para realizarlas. Es decir, las declaraciones indagatorias se encuentran en suspenso.
Sin embargo, sobre el otro lado de la balaza si cayó todo el peso de la justicia. Seis de las personas que reaccionaron a la muerte de Belén concretando una pueblada fueron detenidas.
Muchas preguntas y ninguna certeza quedan como consecuencia. ¿Por qué fueron suspendidas las declaraciones indagatorias? ¿Por qué la justicia fija su atención en los que reaccionaron ante tremendo asesinato y no en los que lo provocaron? ¿Es casual que la justicia de Aimogasta le sea funcional al intendente? ¿Cómo es posible que hayan pasado 10 días del terrible asesinato de Belén y no haya ninguna clarificación al respecto?
En el medio de todas estas preguntas aparecen los eternos cruces políticos entre los dos caudillos de Aimogasta. Nicolás Martínez y Gustavo Minuzzi siguen jugando a la politiquería barata lanzándose terribles y desafiantes acusaciones. “No nos van a frenar”, “Él es el responsable de la droga y el alcohol en la ciudad”, “Quieren politizar la muerte de Belén” y “Es un mentiroso” son algunas de las escalofriantes frases que se escucharon de boca de Martínez y Minuzzi. ¿No entienden la gravedad del problema? ¿No entienden, acaso, que la vida de una inocente joven de 17 años expiró frente a sus ojos en la plaza municipal?
Lamentablemente, nada se podrá hacer para que nos devuelvan las vidas de Belén, Gonzalo y Emmanuel; pero si debe despertarse ya y comprender la real dimensión del problema que nos sacude. La sociedad entera tiene la obligación de trabajar al respecto, porque como dijo Mahatma Ghandi (cuando su India natal estaba hundida bajo los enfrentamientos sociales) “Si seguimos con el ojo por ojo, nos vamos a quedar cielo”

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