POR JULIO LABORANTI
REVISTA MAGNA
“No compre dólares y veranee en Argentina, el mejor país del mundo”. La frase pertenece a José Alberto “El Turco” Samid, quien en la actualidad se desempeña como Asesor del Gobierno Nacional. Atrás quedaron los tiempos en los que el empresario de la carne se trompeaba con Mauro Viale al aire en TV; ahora este personaje (siempre vestido de traje) se dedica a oficiar de vocero de Cristina.
Imagen: elaguantepopulista.blogspot.com
La premisa que se encargó de exponer Samid en el programa de Luis Majul es producto de la sensación que instaló el kirchnerismo luego del 23 de Octubre. El 54% obtenido por Cristina logró convertir en indiscutible el clima agradable que se vive en el país. Al respecto, existe una realidad incuestionable y un interrogante más que confuso que sólo el tiempo se encargará de dilapidar: por un lado, nadie podrá objetar que el poder que consolidó Cristina con el 23-O es de los caudales más altos de nuestra historia. A su vez, pareciera que los males que vive nuestro país no
Un retroceso a los noventa tienen razón de ser porque Cristina obtuvo 54%. Surgen -entonces- las siguientes incógnitas: ¿El sólo hecho de ser poderoso elimina todos los males existentes? ¿Vivimos –como dicen Samid y muchos funcionarios oficialistas- en el mejor país del mundo?
“Somos los mejores del mundo” es una frase que tuvo su mayor apogeo en la década que tuvo a Carlos Menem como presidente. El sentimiento de conformidad con la actualidad que se vivía, más la predominancia futbolística de nuestra selección en los mundiales del 86 y 90 hacían que más de una vez se escuche de boca de Maradona o del mismo Carlos Menem que la Argentina era el mejor país del mundo.
No hace falta aclarar que era una falacia total. Veinte años más tarde, los argentinos (o mejor dicho, un sector de…) estamos cayendo en el mismo error. “La soberbia y la arrogancia nublan la perspectiva de la realidad”, supo decir alguna vez Simón Bolívar. ¿O acaso no son soberbios o arrogantes los dichos -con tono burlón- del Ministro Randazzo manifestando que Barack Obama rogó un encuentro con Cristina?
Sabemos que la negación es uno de los males más graves del Gobierno Nacional (el INDEC es la prueba acabada de ello), pero ahora el kirchnerismo se está introduciendo en un mal aun peor: utilizar el respaldo popular como escudo para crear un mundo imaginario en el que sólo conviven las buenas noticias. Un mundo en el que se promueve el pedido del Presidente estadounidense para reunirse con Cristina, pero se esconden los duros reclamos de Obama (alicate del canciller Timmerman a las valijas con contenido militar en Ezeiza e incumplimiento de pago del Gobierno hacia las empresas norteamericanas en la salida del endeudamiento).
No es una novedad que el éxito arrastre ‘amistades’ nuevas y complacencias que antes no existían. Desde aquí pueden entenderse las exageradas felicitaciones de personajes sumamente influyentes -como Marcelo Tinelli o Diego Maradona- o la ‘promocionada’ reunión con Barack Obama en Cannes. Pero el exceso de éxito también arrastra un condimento altamente peligroso: creer que todo está bien y confundirse a uno mismo pensando que los problemas desaparecen mágicamente. Alguien que sabe bastante del éxito en primera persona como Michael Jordan dijo que “aunque el entorno te diga que sos el mejor del mundo y que todos lo que haces está bien, uno debe tener la cabeza limpia y saber que siempre hay cosas que corregir. Es difícil reconocer errores cuando todos te sonríen, pero ahí radica el secreto de la superación”.
A partir de diciembre, Cristina será la primera presidenta mujer reelecta, tendrá mayoría en ambas Cámaras del Congreso Nacional y recibirá el apoyo incondicional de casi la totalidad de los gobernadores provinciales. Claro está que es una política exitosa. Pero tendrá dos caminos: mantener la cabeza limpia e inmiscuirse en el mundo de la superación como Michael Jordan o caer en la falacia de creer que “Argentina es el mejor país del mundo” y desobedecer cualquier tipo de críticas (tal como ya lo hicieron algunos de sus funcionarios).
Problemas indisimulables
Para tener una certera aproximación de cual será el camino que elegirá nuestra Presidenta, habrá que observar cual es la reacción que el Gobierno tiene o tendrá con dos problemas concretos que está padeciendo nuestra sociedad.
El dólar crece centavo a centavo y en la memoria de todos los argentinos volvió a aparecer la palabra “corralito”. La crisis de diciembre de 2001 explotó cuando el entonces Ministro de Economía Domingo Cavallo impuso un sistema de retención bancaria que impedía retirar más de $1000 dólares por día. Las restricciones actuales para comprar dólares hacen rememorar esos tiempos.
Habrá que ver cuál es el camino elegido por los funcionarios nacionales para controlar y contener esta ‘locura’ bancaria que siempre ayuda a que el dólar se siga disparando. Los primeros indicios no son auspiciosos: los pocos funcionarios o voceros que se refirieron al tema intentaron minimizar el problema tropezando con diferentes falacias (“la gente común no es la que compra dólares”, “no hace falta comprar dólares para asegurar el dinero”, etc).
El otro problema en el que el Gobierno deberá tomas cartas en el asunto es la desagradable lucha de barrabravas en Boca. Rafael Di Zeo y Mauro Martín se disputan el liderazgo de una ‘organización delictiva’ con una impunidad bochornosa para cualquier sistema democrático. El incidente entre los dos líderes ya sobrepasó hasta a las propias autoridades del Club (el vicepresidente Beraldi debió desmentir su ‘amistad’ con Di Zeo).
La realidad marca que el ex convicto representa la fuerza en ‘la cancha’ del actual presidente Jorge Amor Ameal y Mauro Martín la del candidato de la oposición. Es humillante y desagradable observar cómo dos personajes cuyo estilo de vida está signado por la violencia y la corrupción, mantienen relaciones con las máximas autoridades del Club y gozan de la protección que el ‘hincha’ común no posee.
Si no se actúa rápidamente, el ‘bochorno’ puede pasar a mayores (como el cruce de barras de los hermanos Alan y William Schlenker en River). Será otra prueba decisiva para el kirchnerismo de cara al futuro. Nos dará una pauta importante (como las restricciones en la compra de dólares) de cual será el camino a seguir por Cristina; si el de la superación o el de la falacia.
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